y ganábamos todas las batallas, porque nos creíamos invencibles
y nunca moríamos
y nos enamorábamos locamente en secreto de nuestra prima mayor o de la hija del guardia civil que vivía enfrente, en la casa cuartel todoporlapatria de paredes blancas y verdes (como sus uniformes) y el techo de uralita gris como sus vidas.
Antes de tomar conciencia de nada que recuerde por mí mismo me convertí en modelo accidental de unas cuantas sesiones fotográficas que, a juzgar por el alborozo que manifiesto en algunas de ellas o por la aplicada manera de posar en otras, aventuraban, sin duda, el gran interés que más tarde sentiría por el arte de capturar imágenes y, sobre todo, por la escena y la acción ante el público. Con el paso de los años, esas fotografías no solo no han permanecido inertes, sino que han evolucionado hacia nuevos matices, renovados juegos de luces y sombras, y repentinos cambios de enfoque tras cada nueva mirada.
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